Bogotá D.C., sep. 08 de 2011 - Agencia de Noticias UN - El cambio en la agenda política de EE. UU. fue una de las principales consecuencias de los atentados del 11 de septiembre del 2001, que desde el entonces se centró en la lucha antiterrorista.
Así lo explican especialistas al destacar que, mientras la agenda de gobierno del ex presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, se encaminaba hacia el fortalecimiento militar, la promoción del libre comercio y las alianzas interestatales para descentralizar la seguridad mundial, los atentados del 11S marcaron un rompimiento de esas perspectivas, tornándose hacia la lucha contra el terrorismo sin importar las fronteras, principalmente contra Al Qaeda.
“Después de los hechos, el concepto de seguridad se transformó en la guerra global contra el terrorismo, es decir, en un despliegue masivo de las fuerzas contra una entidad abstracta (el terrorismo), en cualquier lugar donde hubiera entidades que lo promovieran. Esa guerra fue el principio de la política en adelante y llevó a que el terrorismo se convirtiera en la prioridad, haciendo que los demás temas se reinterpretaran en torno a la amenaza terrorista”, explica Andrés Molano, docente de la Universidad del Rosario.
La política también se convirtió en un instrumento para dicha guerra, explica la codirectora del Centro de Estudios Estadounidenses de la UN, Sandra Borda, quien afirma que, al no existir normas claras dentro del Derecho Internacional (DI) para el tratamiento de estos actores, “la administración Bush sugirió la necesidad de cambiar la forma como se enfrentaban las amenazas, porque este es un actor nuevo (no son Estados sino terroristas). Se empiezan a adelantar procedimientos legales, a cambiar el contenido del Derecho Internacional, por ejemplo, proponiendo que esos combatientes no tradicionales (terroristas) fueran sujetos sin derecho”.
La forma de enfrentarla sufrió asimismo modificaciones relacionadas con el bache legal existente para el tratamiento de los terroristas, “EE. UU. tuvo la libertad legal para aplicar técnicas no santas a la hora de obtener información, como la tortura, que legalmente no parecía violadora del DI pero que tiene costos en la reputación”, asegura la especialista, quien agrega, “Guantánamo es un ejemplo en el que no aplica el DI, ya que esas personas están sujetas a retenciones sin debido proceso. El uso de la tortura por parte de las fuerzas es otro ejemplo”.
Con el cambio de gobierno del presidente Obama, aseguran los analistas, el enfoque cambió para reducir la intervención contra el terrorismo al conflicto directo con los EE. UU. “Obama nunca estuvo de acuerdo con la lucha en Iraq, razón por la que retiró las tropas y en cambio fortaleció su pie de fuerza en Pakistán, para finalmente dar muerte al líder de Al Qaeda, Osama Bin Laden”, concluye Borda.
(Por: Fin/ab/feb/vbr)
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