
El I Foro de Promotores de Convivencia dio a conocer las experiencias de los jóvenes que antes eran vendedores. Fotos: Unimedios

Al programa se han vinculado 130 personas, según Lucy Barrera, directora de Bienestar Universitario.

Leonardo Castro, estudiante de la Facultad de Ciencias Económicas, ahora trabaja en la Dirección de Gestión.
Bogotá D.C., feb. 08 de 2012 - Agencia de Noticias UN- En el I Foro de Promotores de Convivencia se conocieron las experiencias de algunos de los 130 estudiantes vinculados al programa, quienes encontraron la oportunidad de dignificar sus vidas.
Estos jóvenes, quienes dejaron las ventas ambulantes dentro del campus y se acogieron al programa promovido por el área de Bienestar Universitario de la Sede Bogotá, expusieron sus vivencias durante el foro, que tuvo lugar el pasado 7 de febrero en la Sala de Conferencias del Auditorio León de Greiff de la UN.
Este programa fue pensado con un enfoque inicial de tener un campus amable. “Una de las debilidades que teníamos era la presencia de vendedores ambulantes; a través del programa, identificamos quiénes estaban vendiendo en nuestra sede y los persuadimos de que no siguieran en las ventas”, explicó Lucy Barrera, directora de Bienestar Universitario de la Sede Bogotá.
Por eso se buscaron oportunidades de trabajo dentro de la misma sede, que fueran de menos horas, en las cuales estuvieran expuestos a menos riesgos, realizando actividades más dignas que las ventas y con el incentivo de un salario mínimo.
“Es interesante el apoyo que les dan a los estudiantes, creo que el objetivo se ha cumplido. Hemos sentido mejora tanto en el proceso académico como en la vida universitaria”, comentó Leonardo Castro, estudiante de la Facultad de Ciencias Económicas, quien antes vendía minutos de celular y ahora trabaja en la Dirección de Gestión.
Este programa también le cambió la vida a Estefany Ramos, de la Facultad de Ciencias, quien se dedicaba a la venta de dulces y ahora está vinculada laboralmente con el Departamento de Química. “Hace un año mi situación era bastante precaria, pero me acogí al programa y no he vuelto a hacer ventas ambulantes”.
Para Carlos Hernando Tapia, de la Facultad de Ciencias, antiguo expendedor de dulces y quien ahora trabaja en el Departamento de Física, esto es lo mejor que le ha pasado. “Soy de Pasto (Nariño) y mi estadía en Bogotá fue un problema, pues no cuento con recursos económicos ni el respaldo de mis padres. Esto me ha beneficiado mucho y me ha ayudado a salir adelante con mi carrera”.
El programa contribuye, a través de talleres y charlas, a crear conciencia de lo que vinieron a ser: ingenieros, agrónomos, arquitectos, etc., y no vendedores. Es un proyecto de vida diferente. Además, ha reforzado el proceso de identidad y el sentido de pertenencia por la UN.
Barrera asegura que son 130 personas las que se tienen vinculadas, pero hay 250 estudiantes más a quienes se les están consiguiendo otros espacios dentro de la Universidad.
(Por: Fin/hes/sup/vbr)
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