
Los falsos sacerdotes Fray María Franco y el padre Botero ya en Puente Nacional en la Semana Santa. Fotos: Archivo particular.

Las mujeres y toda la comunidad recibieron a los sacerdotes como héroes, luego de ser declarada la población “en entredicho” por la curia.

La iglesia donde ocurrieron los hechos en 1948.
Bogotá D.C., ene. 26 de 2012 - Agencia de Noticias UN- La cinta La semana del diablo, producida por el sello Quinde Audiovisuales, del Instituto de Estudios en Comunicación y Cultura (IECO) de la UN, tendrá un auspicioso 2012.
En entrevista con la Agencia de Noticias UN, el profesor Julio Goyes manifestó que este año se tiene prevista la participación de la película en varios certámenes de cine universitario e independiente en Colombia, y que durante las exhibiciones adelantadas hasta el momento la respuesta del público ha sido acogedora.
La semana del diablo es un largometraje basado en hechos sucedidos en Puente Nacional (Santander), durante la Semana Santa de 1948, en momentos coyunturales de la violencia política y días antes de “El Bogotazo”, revuelta desencadenada en la capital y en el país por el asesinato del líder político liberal Jorge Eliécer Gaitán.
Goyes recordó que la cinta maneja la picaresca, el lenguaje y sentir propios de los puentanos, quienes fueron castigados a carecer de sacerdote titular para los oficios religiosos de la Semana Mayor, en tiempos en que esta celebración espiritual paralizaba al país entero. Por eso, la comunidad vivió una especie de “falso positivo” con el arribo de dos curas mentirosos.
El trabajo de investigación académica y el rodaje permitieron realizar un audiovisual basado en las entrevistas a algunos de los supervivientes de esa semana de 1948, quienes narraron lo sucedido con los “sacerdotes” Franco y Botero.
¿Qué sucedió en la Semana Santa de 1948 en Puente Nacional?
La parroquia se quedó sin sacerdote durante 1947. La curia se metía mucho en política en esos años, como comprobaron historiadores, y al párroco de la época le cometieron, tal vez, el primer atentado terrorista en la historia de Colombia, con una bomba instalada bajo el púlpito de la iglesia. No hubo lesiones ni daños, salvo los materiales, pero el religioso tuvo que salir escoltado por el Ejército. Entonces, el obispo de Socorro (San Gil) decidió cerrar la iglesia y declarar al pueblo en “entredicho”, que era como ser excomulgado. La curia acusó a los liberales de ese atentado.
Pero aprovechando el vacío, un lunes llegaron a Puente Nacional los sacerdotes Efraín María Franco y el padre Botero. Ambos decían que eran enviados del Seminario Franciscano de Bogotá para celebrar los actos litúrgicos. La población entera los recibió casi que como héroes, con un entusiasmo inigualable. Pero la historia giró, porque los “sacerdotes” se escaparon del pueblo el Sábado Santo, al enterarse de que ya los seguían las autoridades.
Entretanto, se comprobó que hicieron hasta exorcismos, celebraron la Liturgia, dieron sermones, pero vivieron a todo dar, acompañados de mujeres y en fiestas con las señoritas del pueblo, como narran los testigos. Finalmente, una delegación del pueblo se los encontró vestidos de civiles en la capital, momentos después del “bogotazo”, justificando que debían disfrazarse para no ser asesinados por cuenta de las revueltas políticas entre liberales y conservadores.
¿Cómo inició la investigación?
Desde hace seis años, el profesor Mario Aguilera, del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (Iepri) de la UN, quien es oriundo de Puente Nacional, recopiló los hechos que aún corrían en la memoria colectiva de la población. En Quinde recogimos los relatos de las personas y las reimaginamos. Muchas de ellas viven aún, otras ya murieron y algunas más fallecieron durante el rodaje.
¿Cómo fue la acogida del público?
Buena. La invitación fue bien recibida en diversos sectores, como en la colonia santandereana en Bogotá. Varios actores asistieron a la exhibición en la Sala Fundadores de la Universidad Central. Pero cuando la presentamos en la Normal de Señoritas, de Puente Nacional, fue una locura. Hubo lleno total, los aplausos fueron una retribución de lo que recibió el pueblo, porque más o menos el 90% de quienes aparecen en el argumental son de la localidad.
La música fue compuesta por oriundos de la población. En las imágenes se aprecian sus paisajes y la fuerza de la región. Es una historia regional, pero que refleja un hecho mundial. La película es el reflejo de una metáfora vigente, porque actualmente vivimos otros sofismas y hechos velados, como los “falsos positivos”.
¿Qué viene para La semana del diablo?
Hacemos todo un trabajo de reflexión y videoforos con la comunidad donde se muestra la cinta. Realizamos foros en Puente Nacional, tenemos invitación de San Gil, en Nariño, y para presentarlos en la UN también. Es ir más allá del filme porque queremos hacer pensar y reflexionar. Vamos para el Festival Etnográfico de San Agustín (Huila), a mediados de año, y al Festival de Pasto, con cintas de bajos presupuestos.
(Por: Fin/CFAC/camp/vbr)
N° 198





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