El mundo sin religiones: una gran mentira
Por: Fin/Carlos Patiño Villa, profesor Asociado IEU e IEPRI de la UN de Colombia/feb Agencia de Noticias UN–
En opinión de Danièle Hervieu–Léger, una de las intelectuales contemporáneas más destacadas, las religiones han dado carácter e identidad a los pueblos.Así lo reveló la socióloga francesa, presidenta de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París, en entrevista para UN Periódico.
Carlos Alberto Patiño Villa: ¿Por qué, contrario a lo que había sido la promesa de la modernidad, en el mundo contemporáneo la religión juega un papel sustancial?
Danièle Hervieu–Léger: Es cierto, la importancia masiva del fenómeno religioso en las sociedades modernas ha sido una verdadera sorpresa para la sociología de las religiones que basaba sus razonamientos, desde sus inicios, sobre la hipótesis del declive de la religión ligado al avance de la ciencia, a la moderna afirmación política de la autonomía del sujeto y a la diferenciación creciente entre las instituciones. Esta aproximación a la modernidad había implicado, evidentemente, la idea de que lo religioso en las sociedades modernas estaba condenado a una decadencia irremediable. Y de hecho, durante mucho tiempo se observó, y aún se observa, el debilitamiento de las grandes iglesias e instituciones religiosas, pero esto no significa el fin de la historia.
CAPV: En ese contexto, uno de los elementos más interesantes es ver a la religión de nuevo en el escenario de la política internacional. ¿Cómo comprender esta transformación?
DHL: Antes de dar una respuesta, es necesario entender lo que ocurre durante el origen de esa efervescencia religiosa. Desde mi punto de vista, hay dos dimensiones mayores de la modernidad que habían sido olvidadas, de alguna manera, en la descripción del paisaje de las sociedades modernas: por una parte, la incertidumbre ligada a la velocidad de los cambios y, por otra, el fenómeno de las migraciones. Estos dos acontecimientos en conjunto han producido lo que hoy observamos: no solo el retorno y la expresión fuerte de la religiosidad, sino el retorno de lo religioso a la escena pública.
CAPV: La modernidad occidental prometió crear sociedades laicas y seculares, y hoy se observa una transformación profunda al respecto, pero en otras civilizaciones del mundo, como la islámica, ha sucedido un fenómeno trascendental, y es la revitalización de la sociedad a partir de la religión. Al parecer, lo mismo sucede en el hinduismo, en el sintoísmo; existe una especie de vitalidad de la religión en las sociedades contemporáneas. ¿Por qué el mundo occidental y sus grandes intelectuales han tratado de negar permanentemente este aspecto de la religión?
DHL: Pienso que ellos han dejado de negarla porque la religión se les impone de manera masiva. Pero el descubrimiento y el reconocimiento de la separación ineluctable de lo religioso y de lo político en las sociedades modernas y democráticas no es una visión de los intelectuales. Es, antes que nada, el producto de una historia que ha desembocado efectivamente, en todas las sociedades democráticas modernas, en la separación de lo religioso de lo político: la ley ya no desciende del cielo, ella emana del soberano. Esto no quiere decir, sin embargo, que la religión no pueda constituirse, precisamente en las sociedades que se encuentran en una situación de déficit político, en una materia prima simbólica extraordinaria, especialmente para afirmar identidades colectivas, comunitarias, étnicas o nacionales.
CAPV: Ulrich Beck ha hablado sobre la religión individual, ¿cómo entender esta concepción?
DHL: La renovación de expresiones de religiosidad en sociedades que de todas formas han sido trabajadas por el paradigma moderno de la separación entre política y religión, no se traduce en un retorno a un mundo religioso tradicional en el cual lo religioso englobaba lo social, sino en una fuerte individualización de las creencias y las prácticas. Es una observación de la que habla Ulrich Beck, pero toda la sociología de las religiones desde hace 25 años, incluso 30, enuncia un nuevo paradigma: la secularización no es la desaparición de la religión, es la desregulación institucional de la religión y la individualización, la subjetivación, de lo religioso. Esta es la nueva problemática de la secularización. Que no es un retorno al pasado desde el punto de vista de la descripción de las sociedades religiosas, sino que implica, en efecto, una nueva aproximación a la manera como los individuos fabrican su sistema de creencias.
CAPV: ¿Se ha generado una especie de descontextualización de los grandes credos como el católico, y una prevalencia de un mundo mucho más cercano al ideal protestante?
DHL: Las grandes instituciones religiosas, especialmente las cristianas, han sufrido el choque de esta individualización, es decir, el cuestionamiento a la autoridad religiosa para prescribir las creencias, con síntomas muy parecidos. Estas se afectan, evidentemente, por la tendencia general a la producción individual de pequeños credos que proliferan de forma autónoma con relación a los grandes de las instituciones religiosas. Desde este punto de vista, tanto para las iglesias cristianas como para las iglesias mainstream1 protestantes, el problema es extremadamente difícil de manejar.
En relación con la pregunta del Islam, pienso que hay un error de perspectiva cuando se imagina a priori que es extraño a la individualización de las creencias. Especialmente en el Islam de la diáspora, se observa el hecho de que a la vez que es referencia, la conversión a esta religión permite construir identidades individuales, y al mismo tiempo sirve en situaciones en que se niega la autonomía política para fabricar identidades colectivas.
CAP: En la perspectiva normal, se suele suponer que los individuos carecen de religión o viven inmersos en rituales tradicionales. ¿Cómo se construye el creer, la creencia y la vida cotidiana en una dimensión religiosa?
DHL: Por un lado, nos encontramos en un absoluto entre la alternativa de inserción en sistemas regulados y organizados de un credo, y por otro, en la ausencia de creencias. Es justamente esta alternativa simplificadora la que ha hecho explotar la crítica de la teoría de la secularización.
En efecto, lo interesante es ver cómo hoy esta religiosidad individual les permite a los individuos (independientes con relación a los grandes sistemas religiosos instituidos), ir al contrario y producir pequeños sistemas de creencias que los deja reunir, organizar y darle sentido a sus experiencias personales, antes fragmentadas y marcadas por la diferenciación extremadamente potente de las actividades sociales, que hacen difícil la integración de la personalidad individual.
Lo religioso sirve para volverle a dar coherencia a la vida de los individuos. Solo que esta coherencia ya no se obtiene del exterior por el sistema religioso. Es fabricada por los mismos individuos apoyándose en todo tipo de recursos simbólicos que se les presenten.
CAP: Volviendo a la esfera de lo internacional, algunos autores y muchos observadores suponen que un punto de inflexión importante de la relación entre política y religión es la Revolución iraní de 1979. ¿Usted cómo analiza ese proceso?
DHL: La Revolución iraní ha sido un momento absolutamente clave en la toma de conciencia del retorno masivo de lo religioso sobre la escena pública. En efecto, la hipótesis clásica, heredada de la filosofía del siglo de las luces, señalaba que la privatización de lo religioso reafirmaba fuertemente su presencia en la escena política y pública. En un primer momento se dijo que la Revolución iraní era el efecto boomerang, el retorno de una modernización forzada.
El régimen del Sha quiso modernizar de forma extremadamente brutal a la sociedad iraní y lo religioso fue un medio para protestar contra ese propósito.
Por tanto, creo que era una pseudomodernización, que pretendía ser cultural pero era económica. Tampoco era política puesto que se estaba muy lejos de la democracia. Por lo tanto, lo religioso funcionó como un formidable dispositivo de protesta contra la violencia de una cierta modernidad que, entre otros asuntos, era autoritaria. Por ejemplo, el Sha hacía perseguir por su policía a las mujeres que llevaban el velo en la calle. Y la manera de afirmar una capacidad autónoma para determinarse consistió en la reivindicación para poder llevar el velo en los espacios públicos. Así, la Revolución iraní puso nuevamente en escena la formidable capacidad de lo religioso para proveer los recursos simbólicos como protesta cuando el lenguaje político no se podía emplear. El Islam se convirtió en el recurso político, en tanto que tal, para afirmar frente a Occidente la identidad específica de la sociedad árabe musulmana.
CAPV: ¿La relación entre identidad y religión en el mundo contemporáneo es una anomalía de las sociedades contemporáneas?
DHL: Sería absurdo imaginar que el fenómeno de reconstrucción de las identidades culturales y políticas, a través de lo religioso, es un error de la historia o una patología política temporal. En realidad, se trata de un fenómeno que cuestiona el carácter atomizante y destructor de las culturas locales, de un cierto tipo de proceso modernizador, especialmente en el campo económico e incluso en el campo político. Dicho de otra manera, no se deshace porque sí de lo relacionado con la identidad del colectivo. El problema de una modernidad que dejó de ser triunfante es que evidencia hasta qué punto es destructora de las identidades. No solo es cierto en los países árabes musulmanes o en la India, también en las sociedades europeas y norteamericanas.
Si el individualismo es emancipador, también es destructor de las identidades. Cuando las sociedades y los individuos se debilitan, y el mundo y la integración social hacen falsos individuos, es claro que, desde la perspectiva religiosa, existe la posibilidad de renovar las identidades.
CAPV: Para finalizar, un tema polémico, ¿qué piensa usted sobre lo que el presidente Nicolás Sarkozy ha presentado como definición de lo que significa ser francés?
DHL: Soy funcionaria de la República Francesa y no hago ninguna declaración sobre las instituciones y la práctica política francesa, en tanto que se me pregunta como profesora universitaria pagada por la República. Es una obligación de reserva que forma parte de mi condición como profesora universitaria.
No obstante, lo que resulta interesante es mirar hacia lo que el presidente Sarkozy hace eco cuando da tal importancia al tema de la identidad nacional y lo que hay detrás de la superficie del discurso político. Lo que me interesa saber como socióloga y evidentemente como ciudadana es sobre qué terreno ese discurso puede tomar cuerpo y volverse movilizador. La evaluación sobre el discurso del presidente Sarkozy no tiene mayor interés. Mientras que por el contrario, aquella de saber cómo los franceses representan hoy su nación, sus raíces, sus relaciones con las antiguas colonias, la forma como ellos asumen que Francia ya no es una gran potencia sino una potencia mediana que debe asumirse como tal, es el verdadero interrogante detrás de su pregunta.
1N.T. Las mainstream churches o iglesias de “la corriente principal” hacen referencia por lo general a los principales grupos cristianos, como la Iglesia Católica o la Iglesia Ortodoxa Oriental.
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