
En el estudio evaluaron las condiciones del barrio Altos de Santa Ana de Manizales. Fotos: Manizales/Unimedios.

Vivienda social y reasentamiento: una visión crítica desde el hábitat.

Juan Gabriel Hurtado Isaza, docente de la UN en Manizales.

Las familias de bajos recursos tienden a ser numerosas.

A cada núcleo familiar le proporcionaron solo 29 m².

Muchas familias tienen en sus lugares de origen actividades productivas.
Manizales, ago. 10 de 2012 - Agencia de Noticias UN- Con base en estudios de vivienda social en Latinoamérica, docentes de la UN en Manizales evaluaron las condiciones del barrio Altos de Santa Ana, ubicado en la comuna norte de la ciudad.
Dicho proyecto habitacional fue construido para reasentar familias que se vieron afectadas por la crisis invernal: por los deslizamientos e inundaciones, así como por otros problemas de vulnerabilidad espacial y demás amenazas producidas por la lluvia.
“Este barrio ofrece unas condiciones bastante cuestionables desde la lógica del espacio, pues a cada núcleo familiar le otorgaron solo 29 m2, un área muy reducida para desarrollar las actividades normales de un hogar”, argumenta Juan Gabriel Hurtado Isaza, docente e investigador de la UN.
Sin embargo, estas condiciones no son exclusivas de esta ciudad. En los lugares de Latinoamérica en donde desarrollaron el trabajo, los investigadores encontraron que no es común hacer estudios sociales que deriven en alternativas arquitectónicas adecuadas a las necesidades de cada habitante.
“Es inconveniente, en términos de desarrollo social, entregarle una vivienda a cada grupo, y que estas deban generalizarse por costos en la construcción. Se podrían ejecutar proyectos como los de China, en donde ofrecen tipologías de vivienda social que se acercan con mayor acierto a las necesidades de las personas”, manifiesta el docente.
Sumado a la estrechez espacial de las casas, uno de los aspectos de mayor dificultad es que en los hogares de bajos recursos hay numerosos habitantes: incluyen padre, madre e hijos con sus respectivas parejas y niños, así como otros parientes cercanos, por ejemplo, abuelos, tíos e incluso sus mascotas.
“Además, muchas familias tienen en sus lugares de origen actividades productivas como cultivos. Pero los lugares de destino en donde deben reasentarse no cuentan con un estudio que derive en la posibilidad de ofrecer una economía para su sustento diario. Por el contrario, esta nueva ubicación los obliga a desplazarse generalmente a pie hasta el centro para dedicarse al comercio informal”, afirma el profesor Hurtado.
Esta investigación hace parte del libro Vivienda social y reasentamiento: una visión crítica desde el hábitat, editado junto con la profesora Anne Catherine Chardon, de la Escuela de Arquitectura y Urbanismo de la UN en Manizales.
(Por: Fin/amej/sup/fgd)
N° 996





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