Bogotá D.C., feb. 22 de 2012 - Agencia de Noticias UN- El país todavía carece de una norma específica que establezca el límite máximo de empleo del agua en las industrias agroalimentarias. Una metodología desarrollada en la UN es el primer paso.
La investigación, desarrollada por Ana Mercedes Casas Forero, con el apoyo de la Secretaría de Ambiente de Bogotá, se centró en establecer la cantidad del líquido utilizada en las industrias de cárnicos y de procesamiento de pollos, con el objetivo de probar una herramienta de medición que pueda ser utilizada en otros subsectores.
“La Ley 373 de 1997 establece que las autoridades ambientales deben calcular el consumo por usuario. En áreas como la agrícola hay una supervisión permanente y unos máximos establecidos, pero no pasa lo mismo con el sector agroalimentario”, asegura la ingeniera química de la UN, quien actualmente trabaja en el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible.
En la actualidad, el único acercamiento al tema lo realizó la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín para el Valle de Aburrá. A partir de los datos acumulados en este lugar, Ana Mercedes Casas desarrolló una metodología adaptada a las condiciones del Distrito Capital.
“Estructuramos matrices de valoración. Visitamos 16 empresas, 8 de cárnicos y 8 de aves. Analizamos los consumos de agua, la recuperación que realizaban del recurso, las tecnologías usadas para el procesamiento del alimento y las prácticas utilizadas, entre otros aspectos”, detalla la ingeniera.
Uno de los principales datos es que el sector de cárnicos, por ser tan amplio y con tantas variables en la producción (salchichas, chorizos, embutidos, etc.), debe tener módulos de consumo de agua dependiendo del producto que se fabrique.
En cambio, para el sector de procesamiento de aves puede existir un único módulo, debido a que en las ocho empresas evaluadas se hallaron las mismas variables. De esta manera se estableció que el gasto promedio óptimo de agua para este subsector es de 7,8 litros cúbicos de agua por ave procesada.
“Ello corresponde a consumos promedios en países como España. Sin embargo, encontramos que en Bogotá hay empresas que usan hasta 10 litros por ave, que es mucho. Con la nueva herramienta se puede determinar una cuota general para todas las empresas que comercializan aves”.
La joven egresada de la UN aclara que hay empresas que gastan más agua, no porque sean irresponsables, sino porque no se han comparado con otras del sector, para determinar el promedio adecuado.
De otro lado, la metodología creada por Casas Forero les será de utilidad a las empresas de acueductos, ya que podrán controlar mejor las variaciones inexplicables en el consumo. Si una agroindustria deja de usar agua de la red, es posible que esté adquiriendo el líquido de fuentes no autorizadas por la ley.
“La idea es que la Secretaría de Ambiente siga desarrollando el proyecto, que se realicen más visitas a las fábricas, con mayor rigor en los controles. Esta herramienta puede ser adaptada a cada uno de los subsectores de la industria alimentaria”.
Se espera que la investigación de Ana Mercedes Casas se convierta en soporte para crear una normativa distrital que vele por el buen uso del preciado recurso.
(Por: Fin/capg/sup/vbr)
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